Mostrando las entradas con la etiqueta Vanessa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vanessa. Mostrar todas las entradas

8 de marzo de 2009

"Si se puede cambiar"

Un video exitoso de la campaña electoral de Obama sembró entusiasmo en la ciudadanía permitiendo que se produjera el cambio. Este video que aparece en You Tube ha generado mas de dos millones de visitas al mismo.



En las elecciones recientes en USA, Barack Obama se convirtió en un fenómeno mediático que en época de "crisis económica mundial" ha inyectado a la ciudadanía norteamericana, optimismo y fé de que se puede salir de la"crisis" que hoy envuelve al mundo global.
Ese entusiasmo debe ser transferido a todas las sociedades del planeta y buscar en la unión para encontrar las fuerzas necesarias para el cambio.

30 de enero de 2008

29 de enero de 2008

Amor Eterno



Tu eres la tristeza de mis ojos
que lloran en silencio por tu amor
me miro en el espejo y veo en mi rostro
el tiempo que he sufrido por tu adios

Obligo a que te olvide el pensamiento
pues siempre estoy pensando en el ayer
prefiero estar dormida que despierta
de tanto que me duele que no estes

Como quisiera ahhh que tu vivieras
que tus ojitos jamas se hubieran
cerrado nunca y estar mirándolos

Amor eterno e inolvidable
tarde o temprano estaré contigo
para seguir amándonos

Yo he sufrido tanto por tu ausencia
que desde ese día hasta hoy no soy feliz
y aunque tengo tranquila mi conciencia
se que pude haber yo hecho mas por tí

Oscura soledad estoy viviendo
la misma soledad de tu sepulcro
tu eres el amor del cual yo tengo
el mas triste recuerdo de Acapulco

Como quisiera ahhh que tu vivieras
que tus ojitos jamas se hubieran
cerrado nunca y estar mirándolos
amor eterno e inolvidable
tarde o temprano estaré contigo
para seguir amándonos

Amor eterno (amore eterno) eterno....

Rocio Durcal



Al año del horrendo crimen (9 de junio del 2007) Rosaida Faña, madre de Vanessa, en la misa del primer aniversario de su ausencia, cantó “Amor eterno”, canción que interpretaba Rocío Durcal, quien agradeció la solidaridad que ha recibido de familiares y amigos.
Monseñor Agripino Núñez Collado, quien ofició la misa, exhortó a la sociedad dominicana a “mantenerse en pie, alerta y unidos para frenar estos hechos repudiables y construir una sociedad en la que se pueda vivir en paz”.

Una flor cortada del jardín de la vida.

Reproducimos aquí el poema de Peña (19 de junio del 2006), un maestro de Bachillerato enseñando en Santiago, que se define a si mismo, Poeta Cibernético
Si quiere leer la biografía del autor hacer click aquí o en la foto.


Con la fuerza del grito de su lamento
Y el dolor de su gemido henchido de muerte:
Vengaremos a Vanesa.

Hasta que la bala asesina despierte nuestro silencio
Y nos atraviese la indiferencia:
Clamaremos justicia.

Contra un código inválido,
Contra los horizontes escondidos:
Clamaremos por la paz herida de la conciencia.

Por el alma apagada,
Por el dolor que se cuela hasta nuestros huesos,
Por la llamada que nunca llegó a su destino.

Por todas las Vanesa del mundo,
Que han dejado su vida tirada en un pavimento,
Por toda la inocencia que se revuelca,
Por la luz apagada,
Por la rabia que brota en sudores ardientes,
Por las lágrimas desprendidas,
Por la sangre que se agolpa,
Por el viento que esparce su dolor,
Por la noche que se esconde.

Nunca te calles el deseo inmenso de cegar la indiferencia,
De apagar el silencio y encender la protesta.

Vanesa,que tu sangre retorne al cielo
Y tiñe de púrpura el horizonte,
Y borre del código las leyes torpes de la justicia,
Y abarrote de escoria cada espacio de la cárcel de los hombres.

27 de enero de 2008

Cuando la Vida vale un Celular

Párrafos del artículo de Miguel De Mena sobre el significado de la muerte de Vanessa Ramírez Faña.

.......Podría hablar tanto del celular como Cortázar del reloj o de las escaleras, pero no voy a seguir insistiendo en sus múltiples usos y sus ventajas y sus desventajas y sus colores y las profecías de Huxley de un mundo mejor y de Charlot confundiendo “hasta el cerebro de las ratas”, como diría el poeta en sus buenos tiempos.

A lo que voy es al asesinato de la joven Vanessa Ramírez Faña. No hay quien pueda dejar de estar conmovido por la perversidad y el absurdo de semejante asesinato. El escenario y la acción son bien simple: Unos “ladroncitos” de los barrios salen en sus motocicletas a peinar la ciudad y ver a quién pueden despeinar. Buscan carteras, joyas y celulares. Peinan, desgarran. Lo de Vanessa es la historia de millones de gente que llega a su casa y no encuentra a nadie, y como en la Isla no se utiliza el sistema de que cada quien tiene que tener una llave de su casa, entonces se convierte en la víctima ideal. No satisfechos con el atropello y el despojo, deciden disparar. La primera pregunta sería: ¿Cómo es que los ladroncitos de los barrios tienen una pistola? ¿Cómo es que se pueden conseguir balas? ¿Cómo es que la violencia tiene toda su infraestructura y no haya un control de quién compra o vende?

Sé que muchos pensadores afilarán el mismo cuchillo y sacarán los mismos filos: que la violencia está en todas partes, que no tenemos controles, etc.

De todos modos, insisto en la necesidad de un desarme de la población. También insisto en la necesidad de considerar críticamente nuestros accesos a la modernidad, al papel de la publicidad en la formulación y establecimiento de valores en el imaginario epocal.

¿Matar por un celular? ¿Cuánto puede costar un aparato de esos?

El otro día conversaba con mi amiga Giselle Fiallo, residente en Madrid, sobre el caso de su hermana, la reina de belleza que fue golpeada y casi fue secuestrada en un parqueo de una famosa cadena comercial. Al preguntarle que cómo fue que descubrieron a los delincuentes, me dibujó e mismo panorama que ahora se repite: los criminales vendieron el celular, la policía rastreó las señales del nuevo adquiriente, y el caso estuvo completado.

Vanessa Ramírez Faña no tuvo semejante suerte. Los disparos que cegaron su vida fueron hechos con la mayor mecanicidad posible, con una indolencia que raya en lo indecible. No fue la violencia del sicópata clásico norteamericano sino de jevitos acostumbrados al despojo, a especies de una generación sin puertas ni ventanas y que desprecia la vida.

Ese es cambio radical que estamos dando: la vida entre nosotros comienza a no tener valor ni sentido. Se puede matar hasta por quinientos pesos. Tal actitud no es simplemente la actitud de una persona, sino la mediación de una cultura de la violencia donde es legítimo lo que sea para lo que sean. Lo que puede ser un silogismo al final no lo es. ¿No somos los dominicanos una sociedad cristiana, democrática?

Ahí deberían intervenir renglones que todavía no se asumen, como los del trabajo social, la conciencia ciudadana, la importancia de las instituciones de base en los barrios, la posibilidad de disponer de ofertas de trabajo, de buscar perspectivas que no sean las de la yipeta o el Casandra o el mundo de los peloteros millonarios y el de las apuestas y de los sueños que caben en el globo.

Mientras nuestras instituciones tienden siempre a escenificarse con espectáculos, la gente simple y que no siempre existe en el día patrio o la fecha heroica, lo que vive es en la inopia, en la indiferencia, como el perro al que le atan un pedazo de carne y Dios mío, lo pondrán loco en algún momento si no es que el palo se rompe y la cabeza se rompe.

La violencia no es sólo la de unos jevitos o ladroncitos que salen con el cuchillo en los dientes, sino los valores que le permiten a los mismos legitimar tales acciones y lo peor, a realizarlas.

Si tenemos calles inseguras y un país donde todos hemos sido tocados por la violencia, es porque hay una cultura de la violencia que también se va legitimando en nuestro imaginario, y que no siempre tiene que ser equiparable a la sangre o la muerte. También el despliegue de lujo es un acto de violencia en un país pobre como el nuestro. El celular es la consolación para aquellos que no pueden tener otros objetos fálicos para poseer un centro de atención. Si se puede matar por robar un celular, entonces es porque los desórdenes no solamente son síquicos, sino también culturales.

El asesinato de Vanessa nos ha conmocionado. Ojalá y hayan marchas permanentes contra la violencia, transparentándose de paso el esqueleto de lo que somos, el amplio espectro de las miserias que nos corroen.......
Si quiere leer el artículo completo de Miguel de Mena marque aquí